"Hoy tenemos más claro el mapa de la cultura como actividad productiva"
Entrevista. Lucrecia Cardoso, Secretaria de Desarrollo Cultural, analiza los cambios generados por la pandemia y el potencial exportador del sector
"Todos los organismos internacionales están mirando a las industrias creativas como un sector muy estratégico en relación a la producción de bienes ya la generación de trabajo", dice Lucrecia Cardoso. Al frente de la Secretaría de Desarrollo Cultural de la Nación, repasa el impacto de la pandemia y el rol del Mercado de Industrias Culturales Argentinas (MICA) como valiosa ventana para la exportación.
—El MICA cumple 10 años. ¿Cuál es el espíritu de la plataforma y qué balance se puede hacer?
—Es un espacio que fue muy importante y sigue siéndolo: de formación, de profesionalización, que trabaja con las PYMEs culturales. En esta edición va a tener una incubadora de empresas y un laboratorio de proyectos, favoreciendo la exportación. Se busca fortalecer la cadena de valor de cada una de las industrias culturales y promover la comercialización de los bienes culturales y la internacionalización. Nace con ese espíritu. En esta gestión, es una de las acciones principales de la Secretaría y del Ministerio en torno a estos temas.
—¿Cómo se trabaja para ver las necesidades de los sectores?
—En el MICA hay 16 sectores. Cuando llegamos, empezamos con las rondas sectoriales. Trabajamos con las cámaras, las asociaciones, los sindicatos. Había un diagnóstico y una agenda de trabajo estratégico de cada sector. Algunas cuestiones tenían que ver con la coyuntura porque venían golpeados por la caída del consumo. El editorial, por ejemplo, había caído. A los pocos meses comenzó la pandemia y nos enfocamos en la asistencia: la vuelta a la comercialización, la inclusión digital y financiera que necesitaban para mantener parte de su venta. Comenzamos a ver algo que ya conocíamos: cierta informalidad y precariedad en los trabajadores y trabajadoras de la cultura.
—¿Eso hizo que a veces costara que llegaran las ayudas?
—Un amplio sector no tiene ningún tipo de inclusión digital y financiera, por ejemplo las artesanas y artesanos en nuestro país que están ligados muchas veces a los pueblos originarios. Son artesanías con valor agregado, de exportación, como una de las artesanías premium de Argentina que es el poncho de vicuña. Se hace en Catamarca, con artesanas que viven en comunidades. Nos dimos cuenta de que la IFE no llegaba y creamos la beca Sostener, Fortalecer, Cultura Solidaria. Como sector crítico que tardó más en volver, apareció más la asistencia. Hasta diciembre del año pasado estuvimos con más de 51.000 becas a trabajadores y trabajadoras de la cultura que cobraron entre todo 10 cuotas de 15000. También hay un REPRO específico para el sector cultural que aparecieron monotributistas. Porque hay mucho personal que no es precario pero es eventual, estacional.
—¿Cómo se empezó a reactivar el consumo cultural?
—Los REPRO son un indicador. tenemos empresas usadas en diciembre y tenemos hoy: cayó mucho por suerte. Está previsto y presupuestado pero esperamos que cada vez nos necesiten menos.
—¿Qué dejó la pandemia en la gestión cultural?
—Hoy tenemos mucho más claro el universo del mapa de la cultura como actividad productiva. Tenemos un mapa federal. Tenemos un estado de situación y diagnóstico de dónde estamos, de buenas son las prioridades, por ejemplo en relación con la informalidad. La cultura tiene muchos sectores, la cadena de valor es distinta para cada uno ya su vez es muy segmentada hacia adentro. No es lo mismo el teatro independiente que el industrial. Por ejemplo, cuando empezó la pandemia nos juntamos con Timbre 4 y ellos tenían previsto exportar 30 obras para 2020 que se pararon. Eso era el core de su negocio, después vinieron los alumnos y última la sala. Tuvimos que salir a asistir y ver de qué manera.
—¿Cómo se pone de relieve el impacto económico del sector?
—Se vio que la cultura además de ser un hecho de creación simbólica importantísima, identitaria es una actividad económica muy importante: el 2,6% del valor agregado bruto y unos 310.000 puestos de trabajo en 2019. Hay sectores más dinámicos que otros. El de videojuegos, por ejemplo, creció en pandemia, contrató más gente y exportó cerca del 80% de lo que produjo. El modelo de negocios de cada sector es muy distinto. Son desafíos diferentes aunque hay desafíos comunes. La inclusión digital y la financiera es una realidad que ya venía siendo tendencia los últimos 10 años y la pandemia aceleró. Se dio además la interinstitucionalidad. Trabajamos con muchos organismos para asistir y llegar a los sectores.
—¿Cómo se asiste en el regreso?
—Trabajamos con Empretec del Banco Nación que asiste a pymes o emprendedores culturales en cuestiones de inclusión digital y financiera. Además uno de los primeros programas que sacamos de vuelta a la actividad a fines de 2020 fue el Manta, de apoyo a artesanos y artesanas. Porque los talleres son casi todos familiares y el protocolo fue mucho más rápido. Pero como no se comercializaba no había ingresos. Entonces dimos una asistencia para comprar insumos para poder seguir produciendo. Íbamos a hacer apoyo para 100 y terminamos mejorando a 1600 artesanos y ampliamos a 2500.
—¿Qué bienes culturales son fuertes en exportación? Además del poncho y los videojuegos.
—Todos tienen algún tipo de salida de exportación y algunos tienen mucho potencial. De la música académica, el folklore al tango que genera inversiones que vienen, el turismo que llega ganó por una oferta cultural. Como dice Rottemberg: "somos las Cataratas del Iguazú de la ciudad de Buenos Aires".
—¿Cómo se puede dimensionar esa exportación?
—En la pandemia trabajamos mucho con la Cancillería Argentina y la Agencia de Inversiones. Les dijimos que salieran a buscar oportunidades de negocios para las industrias culturales. Hay una tradición que tiene que ver con la matriz productiva de nuestro país donde el Estado mira oportunidades de negocios para el campo, para el agrobusiness, lógicamente. Como querrían entender cómo funciona en este caso, pusimos ejemplos exitosos de exportación en todos los sectores. Un caso: Juana De Arco tiene un local en Tokio. Conocer cómo llegó a eso les sirve a los que están intentando ya nuestros funcionarios en las representaciones para que entiendan cómo funciona el modelo de negocios. Nos devolvieron sus requisitos son los sectores prioritarios en cada país, dónde hay más oportunidades. Tuvimos sorpresas. A Estados Unidos, por ejemplo, le interesa lo audiovisual, animación y comics, un sector que no estábamos mirando. Eso se transformó en un documento importantísimo que nos ayuda a segmentar los esfuerzos para salir a vender. ¿Cuál es el portafolio exportable de la cultura argentina? Hoy va a ser el MICA. Se desarrolló durante todo el año pasado una plataforma con Arsat. Poder subir tu cartera al MICA supone además un proceso de aprendizaje de inclusión digital y financiera. Hoy hay unos 2000 portafolios cargados. En la plataforma puede realizar un mercado virtual, rondas de negocios, rondas de vínculos, sistemas de traducción, hay salas. Ahora vamos también al MICA presencial. ¿Cuál es el portafolio exportable de la cultura argentina? Hoy va a ser el MICA. Se desarrolló durante todo el año pasado una plataforma con Arsat. Poder subir tu cartera al MICA supone además un proceso de aprendizaje de inclusión digital y financiera. Hoy hay unos 2000 portafolios cargados. En la plataforma puede realizar un mercado virtual, rondas de negocios, rondas de vínculos, sistemas de traducción, hay salas. Ahora vamos también al MICA presencial. ¿Cuál es el portafolio exportable de la cultura argentina? Hoy va a ser el MICA. Se desarrolló durante todo el año pasado una plataforma con Arsat. Poder subir tu cartera al MICA supone además un proceso de aprendizaje de inclusión digital y financiera. Hoy hay unos 2000 portafolios cargados. En la plataforma puede realizar un mercado virtual, rondas de negocios, rondas de vínculos, sistemas de traducción, hay salas. Ahora vamos también al MICA presencial.
—¿Qué es lo que cuesta más para llevar adelante los proyectos?
El plan de negocios. Tenemos un par de charlas inspiradoras sobre el tema. La autopercepción del artista y su relación con la comercialización. Siempre hay una tensión en eso. Pedro Saborido nos acompaña y hace muy buen espacio de reflexión. También trabajamos mucho con el INAES.
—¿Cómo se aplica el modelo cooperativo en este ámbito?
—Este año que pasó se cooperativizaron muchas bandas de música. La Bersuit, Non Palidece, Los Espíritus. La Bersuit lo hizo muy rápido gracias a la asistencia del Estado. Es un proyecto de producción de discos de vinilo, escuela de música y la banda. Había un caso anterior que era La Delio Valdez que ya había hecho una experiencia de cooperativización pero que le llevó mucho tiempo. Ahora estamos sacando las matrículas en 90 días y el INAES aporta el dinero. Tenemos así un espacio de formalización a través de la economía cooperativa. En general tiene que ver con formaciones grandes que ya tienen esa forma de trabajo. Hay estudios de videojuegos que se han cooperativizado también.
—¿Cómo te imaginas este año para la cultura?
—Las señales que estamos viendo es que la gente quiere volver a los espacios culturales. Antes fue asistencia y ahora de vuelta a la actividad es fortalecer el consumo. El Pre Viaje fue una política muy importante para los consumos culturales. También el Progresar que solicitaron más de 600.000 chicos. Lollapalooza agotó entradas y para la muestra de Van Gogh Argentina fue el país con más preventa en el mundo. El fenómeno Tecnópolis y CCK. Hay expectativa, pareciera que queremos volver a los consumos culturales, a la experiencia. La idea de MICA es darle sustentabilidad y que crezcan.