ECONOMIA REAL

Las empresas recuperadas se integran al esquema productivo y de generación de empleo

Pasaron dos décadas del estallido de 2011  ¿Qué pasa hoy con las empresas recuperadas? Radiografía de un modelo solidario de autogestión que sigue vivo

Gabriela Ensinck

Según datos del Registro Nacional de Empresas Recuperadas (Renacer), funcionan en el país unas 400 unidades productivas bajo el formato autogestivo. El doble que una década atrás. Los empleos también se duplicaron: de 9.600 a más de 18.000.  Si bien el punto de mayor creación de este tipo de empresas se dio entre 2001 y 2003, la cuestión no quedó allí. "Quien piense que era un fenómeno efímero, se equivoca",  dice Gisela Bustos, abogada de empresas recuperadas, integrante de la Cooperativa autopartista 19 de Diciembre, y autora de "Empresas Recuperadas de Argentina: Ocupar, Resistir y Producir Derechos" (Ediciones Ciccus, 2021). 

"Esta es una característica de la experiencia en Argentina, como también lo es la diversidad de rubros. Si bien en sus inicios, a fines de los 90, las empresas recuperadas eran esencialmente industrias metalúrgicas, hoy hay firmas en otros sectores industriales como alimentación, textil y gráfica; en servicios como gastronomía, salud y educación", dice Bustos. 

"Hubo un salto cuantitativo y cualitativo a partir del 2001, pero no se trata sólo de recuperar el acceso al trabajo, sino también a otros derechos. En toda empresa recuperada hay, además de un espacio productivo, un espacio cultural, educativo, o de acceso a salud", destaca. 

"En más de 20 años de lucha, el movimiento de empresas recuperadas se ha consolidado, aún cuando queda mucho por hacer. En especial, una Ley nacional para el sector", evalúa, a modo de balance, Eduardo "Vasco" Murúa, a cargo de la Dirección Nacional de Empresas Recuperadas, creada a fines de 2019 bajo la órbita del ministerio de Desarrollo Social. 

Murúa, como veterano de estas luchas, (comenzó en el 97, con la recuperación de IMPA, fundada en 1928 y que fuera en su momento la principal fábrica de aluminio del país y gestora, entre otros, del proyecto aeronáutico Pulqui), habla desde la propia vivencia.

"La falta de una ley y un estatus jurídico para el sector, vuelve endebles a las empresas. Al no contar, la mayoría de ellas, con la propiedad de las instalaciones, no son sujetos de crédito.", dice el funcionario. 

Desde la dirección que encabeza se otorgaron cuatro líneas de subsidios para capital de trabajo y renovación tecnológica por más de $ 750 millones. 

Historias en perspectiva

"Nunca imaginamos quedarnos con la empresa. Nosotros queríamos cobrar nuestros salarios caídos", dice José Silva, presidente de la cooperativa Cintoplom, fabricante de pinturas, quebrada en 2002 y recuperada por sus trabajadores en 2004. 

En estos últimos diez años, la firma no sólo incorporó tecnología, personal y nuevos productos innovadores a su catálogo, sino que continuó con su labor solidaria de apoyar a otras empresas recuperadas y a escuelas y comedores en comunidades originarias a lo largo del país. 

Detrás de cada empresa recuperada, hay tantas historias como personas que llevaron adelante el camino de la autogestión para defender sus fuentes de trabajo. 

El lavadero industrial Abel se constituyó como cooperativa en 2012, a partir del fallecimiento de su fundador, y el pedido de quiebra por parte de acreedores, por lo que un grupo de empleados, junto a las hijas del ex dueño, decidieron seguir adelante con la producción.

Empezaron con seis socios fundadores y 10 clientes. En diez años, sumaron 40 clientes, en su mayoría bares y restaurantes, y 15 nuevos puestos de trabajo.

 Al inicio de la pandemia, con la crisis del sector gastronómico, la cooperativa presentó un proyecto de reconversión tecnológica ante la Dirección Nacional de Empresas Recuperadas para reorientar sus servicios de lavado y desinfección a hospitales y clínicas. Con el subsidio otorgado, "estamos adquiriendo nuevas máquinas y generando 10 nuevos puestos de trabajo", cuenta Lorena Rodriguez, titular de la cooperativa.  

La autopartista 19 de Diciembre, lleva ese nombre porque ese día de 2002, 20 obreros de la fábrica ISACO, en Villa Ballester, se cansaron de esperar frente a la empresa en un acampe, y decidieron entrar al predio. Lo que encontraron fue una planta vaciada, y la luz cortada por falta de pago. A partir de ahí, empezó la reconstrucción: se hicieron festivales para recaudar fondos, colectas entre los vecinos, y en uno de estos eventos Gisela Bustos, por entonces estudiante de abogacía, conoció a quienes hoy son sus compañeros de trabajo. Pasaron 20 años, y no sólo se doctoró en Derecho, sino que llevó su tesis a un libro, en el que resume el espíritu de las empresas recuperadas: Ocupar, resistir y producir derechos. Porque de eso se trata. 

En octubre del año pasado, luego de meses de ensayos, y aprobación de la Anmat mediante, salió al mercado el primer primer test 100% argentino para la detección rápida de anticuerpos de Coronavirus. La empresa que lo fabrica, con asistencia del Conicet y la Universidad Nacional de La Plata, es Farmacoop, un laboratorio recuperado por sus trabajadores tras la quiebra de la farmacéutica Roux. 

La historia de este desarrollo es una muestra de la calidad del sistema científico local, sumada a la capacidad de organización de los trabajadores en un sistema de economía social y solidaria. 

"A partir de la pandemia nos pusimos a reconvertir una línea de producción de cremas, para la elaboración de alcohol en gel. Luego desarrollamos una solución de alcohol al 70%, y finalmente asumimos el desafío de fabricar tests serológicos que detectan anticuerpos generados por la infección con Covid-19 en cinco minutos", cuenta Bruno Di Mauro, presidente de Farmacoop. 

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