Uno de los pactos más rentables del mundo tecnológico atraviesa su momento más crítico
OpenAI y Microsoft discuten por control, propiedad intelectual y futuros negocios. La startup analiza denunciar a su socio por abuso de posición dominante. El contrato vence a fin de año
La relación entre OpenAI y Microsoft, considerada durante años uno de los pactos más rentables del mundo tecnológico, atraviesa su momento más crítico. Ejecutivos de OpenAI discutieron la posibilidad de denunciar a su principal socio por comportamiento anticompetitivo, lo que podría desencadenar una crisis sin precedentes en la industria de la inteligencia artificial.
La compañía que dirige Sam Altman busca “aflojar el control de Microsoft sobre sus productos de IA y sus recursos informáticos”, al tiempo que necesita el visto bueno del gigante de Redmond para completar su transformación en una empresa con fines de lucro. La aprobación es clave: sin ella, OpenAI no podrá concretar una nueva ronda de financiamiento ni salir a cotizar en bolsa, según reveló una investigación publicada este martes por The Wall Street Journal (en inglés).
Según personas con conocimiento directo de las negociaciones, el conflicto llegó a tal punto que OpenAI comenzó a analizar una jugada extrema: impulsar una campaña pública y solicitar a los reguladores estadounidenses que revisen las condiciones del contrato vigente, por posibles violaciones a las leyes de competencia.
En un comunicado conjunto, ambas compañías intentaron bajarle el tono al conflicto: “Tenemos una alianza productiva y de largo plazo que ha brindado herramientas de IA sorprendentes para todos. Las conversaciones continúan y somos optimistas respecto a seguir construyendo juntos durante los próximos años”.
Pero los desacuerdos son múltiples. Uno de los focos de tensión gira en torno a Windsurf, una startup de software que OpenAI adquirió por USD 3 mil millones. Microsoft, que tiene acceso total a la propiedad intelectual de OpenAI según el contrato original, también desarrolla herramientas de codificación basadas en IA, como GitHub Copilot, que compiten directamente con Windsurf. OpenAI no quiere que Microsoft acceda a esa nueva tecnología.
A esto se suma una disputa por el porcentaje accionario que Microsoft recibiría si OpenAI se convierte finalmente en una “public-benefit corporation”, una figura híbrida que permite beneficios pero también impone obligaciones sociales. Microsoft reclama una porción mayor a la que OpenAI está dispuesta a otorgar. La startup debe completar esa conversión antes de fin de año o perderá USD 20 mil millones en compromisos de inversión.
Bajo el contrato vigente, Microsoft tiene la exclusividad para comercializar los productos de OpenAI a través de su nube Azure, y prioridad sobre todas sus innovaciones. Sin embargo, en 2023 OpenAI obtuvo permiso para desarrollar su propio centro de datos, llamado Stargate, lo que tensó aún más el vínculo.
El trasfondo es cada vez más competitivo. Las dos empresas ahora se disputan el mercado de chatbots y de herramientas corporativas basadas en IA. El año pasado, el CEO de Microsoft, Satya Nadella, contrató a un rival directo de Altman para liderar un proyecto secreto de desarrollo de modelos propios dentro de la compañía.
OpenAI también busca modificar partes del acuerdo para trabajar con otros proveedores de servicios en la nube, con el objetivo de ampliar su base de clientes y diversificar su infraestructura tecnológica. Pero Microsoft quiere asegurarse el acceso a la tecnología incluso si OpenAI declara que sus modelos alcanzaron inteligencia artificial general, el umbral que pondría fin a su vínculo contractual.
El concepto de “inteligencia artificial general”, que implicaría un nivel de razonamiento similar al humano, divide a los expertos. Mientras algunos aseguran que está cerca, otros consideran que es un horizonte lejano o incluso inalcanzable.
En paralelo, el gobierno de Estados Unidos ya abrió una investigación antimonopolio sobre Microsoft en 2023, durante la presidencia de Joe Biden, incluyendo su inversión en OpenAI y otras apuestas del sector. Microsoft había comenzado su vínculo con la startup en 2019, cuando aportó USD 1.000 millones.
Ahora, con el contrato a punto de vencer y la presión de los inversores en alza, OpenAI evalúa todas las cartas disponibles. Incluso las más explosivas.