La bomba atómica que recalienta la relación entre los socios estratégicos

ehadida

Nadie esperaba un mes atrás que las declaraciones del hijo del presidente de Brasil, Eduardo Bolsonaro, defendiendo el derecho de Brasil de tener bomba atómica, en la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados del vecino país, de la que es presidente, terminaría por afectar la visita oficial de su padre Jair un mes después a Buenos Aires.

Después de todo, la llegada al país del primer mandatario del mayor socio económico Argentina es observado por la mayoría de los analistas desde una perspectiva económica ûdonde la presencia del superministro de economía brasileño, Paulo Guedes, se lleva todas las miradas- o desde la política regional, donde el renovado apoyo a la reelección de Macri por parte de Jair Bolsonaro era una certeza conocida.

Pero lo cierto es que el discurso dado en mayo de este año a los alumnos de la Escuela Superior de Guerra brasileños, donde Eduardo afirmó que "las bombas nucleares que garantizan la paz. Si ya tuviéramos los submarinos nucleares finalizados, que tienen una economía mucho más grande dentro del agua; si tuviéramos un efectivo mayor, tal vez se nos tomara más en serio por Maduro, o temidos por China o por Rusia", volvieron a inquietar una vez mas a las fuerzas armadas argentinas, que siempre han mirado de reojo el ascenso de los militares en la política brasileña desde la llegada de Bolsonaro al poder.

La sospecha de los jefes del Ejército argentino sobre los planes nucleares de Brasil no es nueva: en 2013, el diario Estado de San Pablo, a partir de documentos militares desclasificados, dio a conocer las intenciones del entonces Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Brasil -nación que estaba gobernada en 1974 por el presidente de facto el general Ernesto Geisel- donde se revisaba el concepto estratégico nacional elaborado años antes por la dictadura brasileña donde consideraba una hipótesis de guerra con la Argentina. En ese contexto, pensaban los hombres de verde que rodeaban a Geisel, había que ganarle de mano a la Argentina, que ya contaba con un programa atómica para la paz, y construir una bomba.

En los hechos, los temores de quienes estudian la relación con Brasil desde la óptica militar parece no ser solo una cuestión de paranoia. En especial para quienes observan con detalle lo dicho en enero de este año por el ministro de Minas y Energía de Brasil, Bento Albuquerque, quien anunció que no habrá restricciones a la actividad de exploración de energía nuclear por parte de empresas privadas en Brasil. Sin decirlo, Albuquerque estaba quizás pensando en especial en el uranio, mineral estratégico y donde Brasil posee la sexta reserva mundial geológica. Todas razones que por separado no deberían inquietar a los militares propios, pero que, juntas, causan otro efecto.

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