Amigos y vecinos: Jon Hamm, de hombre de finanzas a ladrón de mansiones
El actor vuelve a brillar en un protagónico a medida en esta comedia dramática y oscura que se sumerge en el materialismo voraz y las mentiras de las clases acaudaladas.
Desplomado sobre el piso de mármol y junto a un hombre con el cráneo reventado, Cooper se reincorpora para salir corriendo de la mansión pero apenas pisa el jardín las luces se encienden, los perros ladran y el cae a la pileta. "No puedo evitar preguntarme cómo todo pudo ir tan mal, tan rápido", dice la voz en off del protagonista antes de que la narración retroceda varios meses. Se desanda entonces el camino que llevó al personaje, uno más de los tantos millonarios de suburbios, a descarrilar su senda.
Así arranca "Amigos y vecinos" (Your friends and neighbors, en inglés, también traducida como "Vicios ocultos"). La serie estrenada por Apple TV+ en abril, creada por el también escritor Jonathan Tropper (El proyecto Adam, Banshee, Vinyl), viene dando que hablar. Los elogios a su actor principal no tardaron en llegar. Después de todo, es el primer protagónico de Jon Hamm en una tira de peso desde su memorable Don Draper. Los aplausos, una vez más son merecidos. Está perfecto en el rol y le sientan bien los ribetes de comedia oscura.
Aunque comparte algunos rasgos muy generales con aquel personaje que lo lanzó a la fama hace diez años, el de ahora, Andrew "Coop" Copper es bastante diferente. Los dos estaban en la cima del mundo comercial y del poderío de hombre blanco de negocios y los dos van revelando su fragilidad oculta pero en tonos y densidades muy diferentes. En Mad Men, Don mantiene un secreto de origen que lo descentra de su ambiente, se muestra taciturno y melancólico. En Coop (que por otro lado parece tener, al menos en los primeros capítulos, dosis más bajas del componente de mujeriego impune), la melancolía llega con la crisis de la mediana edad y su catástrofe financiera personal.
El protagonista es un gestor de fondos de cobertura, que aún sufre su divorcio de hace dos años, y vive en una apacible comunidad de los suburbios llamada Westmont Village, un paraíso en el que los ricos tienen sus mansiones de parque sin cercas, su club de campo y sus tardes de cócteles junto a piletas de diseño infinito, para mantener el espejismo de tenerlo todo y más. Pero su vida da un vuelco cuando, a partir de un incidente, lo despiden del trabajo. Cuando las presiones familiares y sociales llegan a su pico, desesperado, descubre que puede robar dinero y artículos de lujo de la casa de sus amigos y vecinos. Se da cuenta de que nadie notará siquiera que faltan, entre tanta acumulación materialista.
Pese a estos aires de Robin Hood, el personaje no roba para hacer justicia (aunque más de uno en el público puede sentir satisfacción por estos actos) ni para darle a los pobres sino para pagar su propio tren de vida de clase acomodada. Sin embargo, a medida que avanza la trama adquiere "cierta" perspectiva de los privilegios en los que vive inserto, así como de los secretos, las mentiras y las traiciones que sostienen la fachada de ese mundo. Para algunos puede dejar sabor a poco, porque, por ejemplo, algunos recursos como la descripción de los precios y características de los relojes que roba podrían sonar más a fascinación que a crítica. Sin embargo, de alguna manera, incluso más allá de la consciencia del personaje, la sátira sobre los ricos se pone en marcha acunada por la aterciopelada voz en off de Hamm. No alcanza la lucidez de otras series como "The White Lotus" ni la profundidad dramática de "Big little lies", pero navega en esas aguas y, con figuras como Amanda Peet y Olivia Munn, tiene como en aquellos casos un excelente nivel actoral para disfrutar.