Stefy Quinn, una pornostar de la Argentina
Aunque parezca invisible, hay una industria XXX en nuestro país y gente que se dedica a crear contenidos delante y detrás de la cámara. Aquí hablamos con Stefy Quinn, una mujer que disuelve prejuicios.
"Siempre fui bastante curiosa, miraba porno de chica pero me interesaba cómo las actrices hacían lo que hacían, sus habilidades, el impacto que generaban y el placer que recibían. Fue una ecuación muy simple, 'qué bueno sería que te paguen por algo que está muy bueno hacer'. Es como que te paguen por comer, te pagan por el placer. Así me metí en el rubro." La que habla es Stefy Quinn, estrella porno en la poco conocida escena XXX de la Argentina. Alguien que rompe inmediatamente cualquier prejuicio tanto del género como de quienes lo hacen. El negocio del placer erótico -es cierto- tiene mala prensa y eso es especialmente claro con las mujeres que lo ejercen. Pero Stefy habla con la seguridad de alguien que eligió y sabe por qué; con la seguridad de alguien realmente empoderado. Abandonen, pues, cualquier idea preconcebida antes de leer esta entrevista.
—¿Es difícil entrar al porno en la Argentina?
—Entrar en el porno en sí, no es difícil. Con una buena cámara hay muchos que dicen ser "productores" pero no llegan a serlo: solo crean contenido. Lo realmente difícil es que las productoras serias te convoquen, o que se abran castings. En Argentina, en general el porno no es algo que prospere mucho por nuestra mentalidad y cultura: "para qué voy a pagar si puedo piratearlo. Sin embargo en otros países no es tan así. Por eso acá se sabe tan poco del tema.
—¿Cuánto hay de actuación y cuánto es real cuando estás frente a cámara?
—En mi caso intento que el 100% sea real, soy muy expresiva con la cara y si algo no me gusta, enseguida se me nota. Doy muchas indicaciones: intento que el trabajo sea lo más placentero posible porque ese gozo es lo que se va a reflejar en la cámara . Una puede intentar actuarlo, pero el espectador se da cuenta cuando estás fingiendo o la pasás mal.
—¿Qué pasa en esos momentos? ¿Qué pasa en tu cabeza en esos instantes?
—¡Es muy difícil! Explico todo antes de empezar o tengo que hacer cortes en el medio, a veces las tomas no quedan como imagino y después cuando veo el resultado me quiero morir, porque ya está hecho. Por eso me encanta cuando trabajo para productoras como lpsexxx o Víctor Maytland: ellos se encargan de los detalles y yo solo me concentro en divertirme. Algo que me encanta hacer en las producciones profesionales es tentar a los que están atrás, al camarógrafo, al sonidista, al de iluminación... Se crea un ambiente bastante copado.
—¿Es un requisito para ser estrella porno el exhibicionismo?
—Me parece fundamental; si no, no perduras. Mínimo hay 5 personas detrás de cámara viéndote fijamente para que hagas lo que se espera. El pudor sí o sí queda afuera. En mi primera escena estaba súper nerviosa porque todos me miraban fijo, pero a los tres minutos me solté: yo sabía lo que quería lograr.
—Trabajás de "tener sexo", ¿cómo se lleva eso con el placer íntimo, con lo cotidiano?
—Es un mito que el que trabaja con el sexo después no tiene ganas de hacer nada con su pareja en la intimidad. A mí no me pasa, creo que por el hecho de que no lo veo como obligación, como un martirio o algo cansador. Estoy casada hace diez años, mi marido y yo tenemos formas muy inteligentes para nunca aburrirnos. Hasta me acompaña a los estrenos.
—Que los menores hoy puedan acceder a cualquier cosa es uno de los argumentos de quienes quieren prohibir el porno. ¿Cómo respondés a eso?
—Que no se puede culpar al porno por un descuido de parte de los padres. La obligación de cuidar e informar a los menores es de los padres, la culpa no es de la industria en sí
—¿Sentís o sentiste alguna vez discriminación o maltrato por dedicarte al porno?
—Sí, muchas veces. La sociedad todavía no está lista para aceptarnos. Hasta los más abiertos o liberales a veces muestran la hilacha. Te doy un ejemplo de lo que más me impacto en cuanto a discriminación, a mí me gusta hacer artes marciales, hace cuatro años práctico taekwondo.Me inscribí en una escuela especifica y estuve seis entrenando lo más bien hasta que el profesor se enteró a lo que me dedico y me echó bajo la excusa de que le daba vergüenza enseñarle a alguien como yo, que lo podía comprometer a nivel personal y a nivel taekwondistico. Yo solo iba a aprender, no debería de importarle lo que hacía con mi vida. Sin embargo decidió no aceptarme más en su escuela y tuve que irme. Y me corrijo: no está lista para aceptarnos a nosotras, las mujeres. Porque los actores porno tienen una realidad muy distinta
—¿La pelea para las mujeres entonces es mucho más complicada, no?
—Hay mucha más presión social para nosotras que para los hombres. A veces cree que es lo más bajo que una mujer puede hacer, que no le queda otra, no tiene capacidades u otras habilidades, y nada que ver. Yo practico artes marciales, soy masoterapeuta, quiropráctica, tengo mi propio taller de costura, hago mi lencería, mi ropa, hago sublimaciones, parches bordados, practico tiro con arco. Yo elijo ser actriz porque me llena como mujer. La presión social es la parte menos copada; me resulta llevadero porque no estoy sola, tengo a mi compañero que me apoya en todo momento.
—¿Es un mundo más femenino o masculino este de hoy?
—Es un mundo horrible. ¿Cuenta? (risas) Para mí hay un equilibrio que quieren sacar. Las mujeres son fuertes, de base. Al querer visibilizarlas más forzadamente se vuelve ridículo. En el cine, por ejemplo. Te quieren meter mensajes feministas todo el tiempo y terminan saliendo muy mal. Solo demuestran más inseguridad y debilidad. Y se puede hacer bien: Terminator para mí fue super inspiradora las primeras dos películas: saber que John Connor se convirtió en el líder de la resistencia gracias a Sarah es...fua loco. O Xena la princesa guerrera, o Ripley en Aliens, o Red Sonja. Son figuras femeninas que sí fortalecen la imagen de las mujeres.
—¿Te gustaría ser actriz "no porno"? ¿Actriz a secas, sin que te pongan el adjetivo al lado?
—No te sabría decir. Estudié actuación cuando tenía 12 años y me encantaba...ahora el hecho de tener que memorizar guiones no sé si sea lo mío. Por eso voy directo, ponganme algo en la boca y listo, soy feliz (risas).