Scorsese recibió el Oso de Oro honorífico por su trayectoria
Homenaje para el realizador de Toro salvaje, Pandillas de Nueva York y La isla siniestra
Desde Berlin
Por evidente no era menos necesario. La entrega del Oso de Oro honorífico que reconoce la trayectoria del director, guionista, productor y hombre clave en la preservación del patrimonio audiovisual Martin Scorsese resulta tan indiscutible como importante (real y simbólicamente). Los 1.600 asientos del enorme Berlinale Palast se colmaron un buen tiempo antes que las 21.30, hora prevista para el inicio de la ceremonia.
Scorsese, de lozanos 81 años, llegó con casi una hora más tarde a la sala. Posiblemente fruto del agitado día en el que brindó una conferencia de prensa de unos 40 minutos, una verdadera masterclass. Pero seguramente influyó el hecho de que se tomara todo el tiempo del mundo para abrazar a cada uno de los fans que lo esperaban en la alfombra roja para sacarse fotos y charlar, además de dialogar con la prensa, por lo que la espera no fue tensa. Es también por esa humanidad y cercanía que tanto amamos al director de Taxi driver y El rey de la comedia, entre tantas otras imprescindibles películas de la historia del cine.
La ovación durante el ingreso fue atronadora, aunque no tan extendida. Eso se debió a que, tras recibir un cerrado aplauso de pie durante cinco minutos, Scorsese se cansó de pedir (humildemente incómodo) que "la cortaran con eso" y se sentó, obligando al auditorio a hacer lo propio. Tras las palabras de una presentadora muy nerviosa (se la notaba sinceramente emocionada frente a lo que entendía era un evento cuya importancia la superaba) y de los directores artístico y ejecutiva de la Berlinale, el encargado de la presentación del premio fue nada menos que Wim Wenders.
El director alemán, fundamental en la renovación y refundación del cine germano, conocido entre tantas otras películas por Las alas del deseo y Paris Texas obtuvo este mismo premio en la edición de 2015. La presentación se centró en un reconocimiento a la carrera de Scorsese como realizador, a lo que Wenders sumó una jugosa anécdota que acompañó con fotografías en blanco y negro proyectadas en la pantalla de la sala.
Así, recordó que en 1978, en ocasión de la presencia de ambos en el Festival de Cine de Telluride, tuvo que rescatar a Scorsese, quien había quedado varado en el Monument Valley tras pinchar una rueda de su coche de alquiler, mientras él trataba de encontrar cómo salir del entuerto, en el medio de la nada, acompañado solamente por Isabella Rossellini (en ese momento la zona ni siquiera era parque nacional y casi nadie pasaba por allí). Wenders señaló también, por supuesto, el enorme trabajo que hace Scorsese a través de la Film Foundation, preservando y recuperando el patrimonio cinematográfico y haciéndolo accesible para las nuevas generaciones.
Scorsese, visiblemente emocionado pero siempre atento, comenzó por agradecer a la Berlinale y a Wenders. Elegante y humildemente dedicó los primeros minutos de su alocución a destacar la importancia de Wenders y de recomendar Perfect days, la última película del director alemán (candidata al Oscar al igual que su Killers of the Flower Moon, con cuya música interpretada en vivo se abrió el evento). Entusiasta y comprometido, el Scorsese recorrió su historia haciendo foco en el cine como trabajo colectivo, recordando y citando a muchos de los que lo acompañaron a lo largo de los años. Una idea tan hermosa como política lo llevó a definir el hecho cinematográfico (que incluye, por supuesto, al público) como una conversación que se mantiene a través de las generaciones.
El director, que en su momento estrenó Toro salvaje, Pandillas de Nueva York, Shine a light, Cabo de miedo y La isla siniestra en la Berlinale, destacó el rol de los festivales como lugar de encuentro y discusión, así como también la función fundamental que deben cumplir ampliando los límites, corriendo las fronteras y generando tanto cambios que favorecen la diversidad como el democrático acceso a los bienes culturales. En concreto, recordó el apoyo fundamental para el crecimiento y la difusión del cine independiente estadounidense de la propia Berlinale cuando en 1969 galardonó con el Oso de Oro a Greetings, de Brian De Palma. Todo lo nuevo y disruptivo que pudimos ver en los años 70 (etapa particularmente genial del llamado "cine americano") también tuvo que ver con los festivales y, en particular, con el que cada febrero nos reúne en Berlín.
Tras la ceremonia, luego de las 23.00 comenzó la proyección de los 150 minutos de Los infiltrados, con Matt Damon, Leonardo Di Caprio y Jack Nicholson entre el seleccionado de grandes actores. Era muy tarde en la fría madrugada berlinesa, pero la sala permaneció prácticamente llena hasta el final. Seguramente las últimas palabras de Scorsese contribuyeron al entusiasmo y a sumar energías para continuar con la fiesta hasta el final: "¿Quién sabe? Quizás en los próximos años nos volvemos a encontrar acá con una nueva película". ¡Que así sea!