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Luján: unas 20 familias resisten el desalojo de un basural en el que viven y trabajan

Unas 20 familias resisten el desalojo de un basural en el que viven y trabajan. El municipio quiere sacarlos y ellos se mantienen firmes. 

BAE Negocios

Un amplio grupo de personas compuesto por 20 familias se encuentran en plena resistencia a un desalojo del basural en donde viven y trabajan. El Municipio quiere sacarlos con topadoras y ellos se mantienen firmes. 

 

 

Omar Esteban tiene 65 años y habla en la puerta de un amplio galpón de chapa. Sobre la entrada cuelga un cartel de madera y una leyenda pintada a mano: “Cooperativa Florencia - Luján recicla”. También se observa el característico triángulo verde con flechas, símbolo gráfico de la economía circular.

Es que Omar hace eso: recicla. Hace 40 años que subsiste comprando y vendiendo chatarra, metales y fierros viejos. Está al frente de una cooperativa que recibe botellas verdes y blancas, chatarras, bolsas de nylon y hasta electrodomésticos viejos que no funcionan. “Acá traen la materia prima, cruda, y nosotros la reciclamos. Separamos todo, lo vendemos y lo cobramos. ¿Que cuántos somos? Hay días que somos 20 o 25 personas. Son 25 familias”, dice con voz serena que no deja de traslucir preocupación.

Es que el futuro de la cooperativa Florencia es incierto. Desde hace 20 años que sus integrantes hacen su labor en un terreno abandonado, casi un basural, cerca de la estación Luján, que pertenece al ferrocarril Sarmiento. Lo acondicionaron, lo hicieron su lugar de trabajo y, para algunas de esas familias, también su vivienda. Pero ahora el Municipio de Luján quiere desalojarlos para tomar posesión de ese predio, armar su propia cooperativa de reciclado y dejar a esas familias sin casa y sin trabajo. Sin nada. Pueden perder su vivienda, su trabajo y su futuro.

“La propuesta que tienen para nosotros es: hacen lo que les decimos o se van. Están proponiendo que dejemos todo y que ellos agarren el lugar”, cuenta Omar. 

“Si ellos realmente quisieran que esto siga, nos ayudarían en vez de querer sacarnos. Es una tarea importante para esta gente y también para el medio ambiente. Esto está habilitado a nivel nacional y provincial. Acá vienen 100 autos por día a dejar cosas, de Luján y también de algunos countries de la zona”, explica.

Los miembros de la cooperativa creen que el intendente Leonardo Boto quiere sacarlos porque él ya cerró acuerdos con otra asociación similar. Por eso se quiere quedar con el lugar, ya instalado, para hacerlo producir con gente propia. “El intendente se quiere quedar con todo, sí o sí”, aseguran. 

También recuerdan algunas promesas de Boto durante su campaña electoral. “Antes de las elecciones el intendente vino acá con cuatro o cinco personas más. Gritaban, lloraban, decían mirá que hermosura, qué buen trabajo, les vamos a dar una mano. Nosotros los votamos pensando que nos iban a ayudar, que nos iban a enviar materiales. Pero a los 40 días de asumir me mandó a cobrar una multa de 150.000 pesos”, recuerda Omar. 

“La gente que tiene poder no tiene límites. Mandan ellos. Antes nadie se preocupaba por la basura. Pero esto es importante para el medio ambiente, no puedo creer que no nos quieran ayudar. Si vienen y quieren hacer lo que hacemos nosotros, que nos ayuden a nosotros, que recuperamos el lugar, lo desarrollamos y creamos una fuente de trabajo”, reflexiona el encargado de la cooperativa.

El propio Omar, al igual que otras familias, vive en el humilde galpón. “Yo vivo acá, me mudé para cuidar las cosas, y así y todo me robaron varias veces, se llevaron las herramientas. Por eso tengo cámaras. Una vez me encontré con los ladrones acá adentro, casi me matan”, afirma mientras muestra su humilde cuarto, detrás de un cortinado. Allí están su cama, su heladera, un televisor, un ventilador y el monitor desde donde se ve por circuito cerrado lo que pasa en todo el predio. 

“Yo lo pinté todo al galpón, le hice el techo, unas buenas mejoras”, cuenta. Y vuelve a hablar de la gente del Municipio: “Ellos quieren alquilarme una casa y un galpón por seis meses. Y después que me arregle. Y después, ¿qué hago después?”, se pregunta el hombre. Y a sus 65 años busca una respuesta, como la buscan las 25 familias que suelen vivir de lo que reciclan y que corren el riesgo inminente de quedarse sin nada.

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